Cuco, La Tribu y sus otras facetas en la escena musical.

Por Alexis Méndez.

No se sorprendan si al preguntar por este artista en su país natal, encuentran personas que les digan que es un excelente merenguero, y que otros hablen de que es un gran sonero, o que aparezcan los que aseguren que es un ícono de la salsa. Al final, todos estarán diciendo la verdad, porque Cuco Valoy ha dejado huellas en diferentes nichos de la escena musical de República Dominicana.

Para quien no conoce su trayectoria, es difícil imaginar cómo este hombre- nacido el 6 de enero de 1937, en Manoguayabo, provincia Santo Domingo, República dominicana- ha impactado de manera contundente a diferentes generaciones, y cómo ha sido protagonista de la ebullición de diversas expresiones de la música popular. Comencemos por el llamado son tradicional, del cual es la figura dominicana más importante. Al igual que otras músicas cubanas, lo interpretó con el legendario Dúo Los Ahijados, que formara en 1958 junto a su hermano Martín Valoy. El nombre surge a partir de la influencia que estos tuvieron del famoso dúo cubano Los Compadre, muy popular en la ciudad de Santo Domingo y otras ciudades dominicanas, a partir del segundo lustro de los 50.

Durante los años 60, mientras su popularidad crecía con Los Ahijados, aparece un personaje cuasi fantasma que copaba la radio dominicana. Su nombre era el Pupi de Quisqueya. Se trataba del mismo Cuco. El apodo de Pupi no es más que un diminutivo de Pupo, su nombre de pila. Esta vez interpretaba un tipo de bolero quejumbroso, tocado con guitarras y en tonos menores. Este tipo de bolero se hacía muy popular en la marginalidad y es la génesis de la expresión que hoy llamamos bachata.

Para el año 1975, se embarca en un proyecto que da giro a su carrera. Por un lado era la época dorada de la salsa, y por el otro, el merengue ya contaba con ídolos contemporáneos genuinos como Joseíto Mateo, Félix del Rosario, Johnny Ventura y Wilfrido Vargas. Ambos fenómenos musicales fueron combinados por Cuco, en una formación a la que llamó “Los Virtuosos”, y en la que él deja de tocar la guitarra y se dedica exclusivamente a cantar, mientras que Martín se convierte en bajista. Por otro lado, su hijo Ramón Orlando, quien tocaba el bongó con Los Ahijados, pasa a tocar el piano, al tiempo de asumir la dirección musical. Cabe destacar que Ramón, mientras trabajaba con su padre, recibía formación académica en el Conservatorio Nacional de Música. Esta vez, Cuco estaba formando un combo, que además tenía una sección de metales compuesta por dos trompetas, un trombón, un saxofón alto y un saxofón tenor. También contaba con la parte de percusión, formada por una tambora, una güira y congas, si la banda tocaba merengue; en el caso de interpretar sones y guaguancó, la tambora y la güira se sustituían por bongó y cencerro y el güiro cubano.

Lo contado se da, según Ramón Orlando Valoy, luego que en Nueva York Los Ahijados tuvieron la oportunidad de juntarse en tarima con la agrupación Johnny Pacheco. La manera como se escuchaban aquellos sones, motivó a Cuco a reestructurar el formato.

Ya para finales de los 70, la agrupación adquiere el nombre de La Tribu, con el cual se corona el éxito internacional, con temas como Amor para mí, Nació Varón, Corazón de Acero y Juliana, como temas salseros; además de merengues dotados de pasajes armónicos típicos de la llamada música clásica, también de algunas fusiones tropicales. Con La Tribu, Cuco adquiere un sello que influenció, sobre todo en la salsa, a bandas de diferentes países de Centro y Suramérica. Dos figuras fueron vitales a la hora construir el referido sello. Estos son Ramón Orlando Valoy que aportó magistrales arreglos y Henry García, mezcla extraña de cantante romántico y sonero de malicia. Son las voces de Ramón y Henry las que conforman otro elemento identitario: los coros de La Tribu.

Con esta última formación, Cuco recorre el continente americano y otros lugares del mundo, siendo Colombia la plaza más importante de toda su carrera. Es figura histórica de los Carnavales de Barranquilla, ganador del popular Congo de oro; en Cali, gracias a la popularidad del tema Juliana, su disquero, Mateo San Martín, decide explorar esa ciudad, y posteriormente crea el primer estudio para grabar bandas salseras locales, además de un sello que llevaba por nombre Grabarco. Pero además, en una visita a Santo Domingo, el cantante Javier Vázquez, ex integrante del Grupo Niche, aseguró que en su adolescencia, Henry García fue un referente para los cantantes caleños. En Medellín La Tribu también tuvo alta popularidad. Muestra latente ha sido el éxito de Quinto Mayor, concepto liderado por el maestro Diego Galé, y que ha rendido tributo parcial a los años dorados de esta agrupación, la cual no visita esta ciudad desde 1986.

Este el momento propicio para un reencuentro entre Medellín y Cuco Valoy, también con Henry y Ramón Orlando. Es el momento porque la llamada Ciudad de la eterna primavera está siendo señalada como una nueva Meca Salsera, donde la pasión entremezcla buena acogida de las nuevas propuestas y el respeto por los veteranos y su repertorio. En ese sentido, es oportuno apreciar todas estas facetas de Cuco, las que hoy se advierten en su puesta en escena, que como el vino, mejora con los años.

 

Enhorabuena Cuco…enhorabuena Medellín.

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